Mar de Sirenas

Los botes se sacudieron con mucha agresividad, casi tirando al agua a los náufragos en aquella fría noche; el agua salpicaba, mojando sus vestiduras y bloqueando su visión, luchaban por mantener a flote los botes mientras uno a uno, eran arrancados los remos al fondo del mar. Los hombres gritaban desesperados, mostrando rostros de sustos.

 Horas atrás los marineros escapaban de su barco sumido en llamas. Desconociendo las causas subieron a los botes remando en busca de tierra firme; y en su lugar se encontraron atrapados por la sacudida de los botes. Las leyendas de los indígenas hablaban de monstruos marinos y de hermosas mujeres que atacaban a los hombres engañándolos con sus encantos.

 Los botes dejaron de moverse, y el mar se aquietó, reflejando la luna llena y sus estrellas. Los hombres se miraban confundidos unos a otros, guardando silencio atónitos. Uno de ellos se levantó buscando tener mejor visión de su alrededor. Del agua salió disparada lo que parecía una mujer blanca con una larga aleta donde deberían estar sus piernas. La criatura se lo llevó consigo sumergiéndolo a las profundidades, dejando un rastro de sangre que se esparcía en el agua.

-¡Sirenas! -dijo un hombre gritando.

Todos gritaron agachados en los botes, a la vez que sirenas saltaban del agua arrastrándolos. Las sirenas eran rápidas y con sus filosos dientes cortaban el cuello de los náufragos. El mar se teñía de rojo y los botes se vaciaban con cada sirena acechando.

El ataque cesó, dejando solo a un joven ileso en uno de los botes, él  se levantó mirando a su alrededor: botes vacíos y agua pintada con sangre. Se sentó inclinando su rostro y lágrimas corrían por sus mejillas. Escuchó el sonido de un salpicón y su bote se movió, algo había subido. Levantó su rostro y frente a él se encontraba, una mujer blanca de cabello negro, con facciones delicadas y unos grandes ojos grises, bajo su cintura una larga aleta escamosa. Ella le sonreía con sus filosos dientes, arrastrándose despacio a él. El joven respiraba agitadamente sabiendo que la muerte estaba frente a él. La sirena saltó sobre él mordiéndole el cuello y llevándoselo a las profundidades del mar.

Alonzo Rivas
alonzojrd2020@gmail.com

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