Del Árbol Caído…

Ya que el avance del coronavirus ha provocado ciertas dudas sobre si habrá o no festividades este año o, de cómo éstas finalmente van a resultar, me adelanto para decirles que, a pesar de lo que muchos piensan, los científicos también tenemos espíritu navideño. Lo que sucede es que un fenómeno empírico ilusorio global, por esta época enquistado profundamente en la mente de las personas, resulta muy difícil creer: “un viejito barrigudo de barba larga y vestido de rojo, viajando en un trineo junto con nueve renos, a dos mil kilómetros por segundo, sin que ninguno de ellos resulte vaporizado”.

Si rompe con creces la barrera del sonido, ¿por qué no se escucha la explosión sónica cuando despega o aterriza? ¿cómo -él y sus animales- logran soportar fuerzas diecisiete mil veces mayores que la gravedad, sin volverse papilla? ¿cómo transporta una carga de casi dos mil millones de kilogramos en juguetes, suponiendo que cada uno pese tan sólo novecientos gramos? ¿cómo hace para entregarlos en un lapso de tan solo 48 horas? No lo sabemos. Sin embargo, suponemos dos teorías que, en cierta medida, le permitirían al hombre cumplir con lo que siempre ha prometido: llevar la felicidad a todos los niños en noche buena. 

La primera de ellas, es que el anciano cuenta con un equipo de investigación y desarrollo clandestino, el cual trabaja con lo último en materiales inteligentes y anti gravedad -por eso no usa trajes especiales para mantenerse consciente, ni para respirar bajo esas condiciones-. Dicha tecnología incorporaría sistemas automáticos de reparación, pues siempre aparece reluciente y sin ninguna pizca de hollín. También, al parecer posee laboratorios de modificación genética -lo que explicaría sus super resistentes renos-. Adicional a eso, cuenta con un sistema de espionaje electrónico de nivel cuántico o, ¿cómo crees que se entera exactamente, qué es lo que cada niño desea en navidad? -. 

La segunda afirma que el polvo mágico de Santa se fabrica manipulando las fuerzas fundamentales del universo. Esto porque si controla los gravitones, las partículas esenciales de la materia y el tiempo, puede deformar la geometría del espacio y así, generar agujeros de gusano. De esa manera le alcanzaría el tiempo y creo, hasta le sobraría. Algunos colegas conjeturan que dichas singularidades se localizan dentro de las medias que cuelgan de la chimenea. Personalmente no lo creo así, ya que no todas las familias usan este adorno y tampoco cuentan con chimeneas. Además, tengo entendido que no se han detectado anomalías gravitacionales en las casas que se han analizado. De otro lado, los bosones de Higgs le ahorrarían cargar peso, ya que con ellos materializaría cualquier objeto a cada parada, así como aniquilaría tanta galleta y vaso de leche que “supuestamente” consume -de hacerlo, el coma diabético obligaría a que, cada año, hubiera audiciones para ser Santa-.

En fin. Nos gusta la navidad porque es la oportunidad perfecta para compartir con la familia y los amigos, mientras almacenamos calorías extra y nos divertimos averiguando lo que el “viejo” ha dejado para nosotros bajo el árbol. Es por eso que debes cuidarte: para que no vayas a contagiarte, ni mucho menos, vayas a contagiar a quienes más quieres.

Referencias:

Roger Highfield. The Physics of Christmas. Little, Brown and Company, 1998. 

Yesid Vianchá

yavianchaa@yahoo.es

Colombia

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